jueves, agosto 07, 2008

Ya no somos más tú yo


Confieso (¿Cuántas veces les he confesado cosas en este blog?) que veo Somos tú y yo cada vez que puedo. O cada vez que me acuerdo. Felizmente, son pocas las veces que me acuerdo. Cada vez estoy viendo menos televisión. Y es cierto que con esta confesión (otra) el blog empieza a perder sentido, pero es que la caridad de nuestra televisión por ofrecerme material para escribir en este blog cada vez se me hace menos simpática. Extraño aquellos días en que, cómplice, me reía de las barbaridades de la señal abierta venezolana. Es inevitable que ahora me embargue una pena tal que, en la mayoría de las ocasiones, me hace cambiar de canal o directamente darle al botón de POWER.
Llevaba días pensando en eso, en lo vergonzosa que es nuestra tele y en lo fácil que es darse cuenta, dada la nutrida oferta de televisión internacional que nos llega a través de las compañías de cable. Así fui sacándole el cuerpo a la tv de mi cuarto, distraído por el internet y pensando en su decadencia. En eso había gastado las tardes, todas mis tardes caseras, excepto la de ayer. Ayer vi Somos tú y yo
¿Y? ¿Qué creen? ¿Qué cambió mi perspectiva? Pues justo ahora le estoy huyendo a Somos tú y yo muy a pesar de mi pedofilia. Y es que a mí nunca me ofendió el spanglish en tonos de voz audibles solo por perros de las monitas-sifrinas del cuento. Nunca me molestaron del todo los planos cortos de miradas para dar supuesta tensión al final de cada escena. La intención de copiar cosas de todos los éxitos juveniles de Latinoamérica y el mundo no me ha causado recelo ni mucho menos. Los diálogos gastados y las malas actuaciones son cosas que soy capaz de perdonar.
Pero lo que nunca les voy a perdonar a los creadores de esta serie juvenil es que hayan echado mano a una de las escenas que más daño le ha hecho a la historia de la tv venezolana. Me refiero a un flash-back donde Sheryl (la protagonista) recordaba momentos vividos con un chamito que, al parecer, es un perro atacón pero que a ella no le disgusta del todo. Uno de esos varios recuerdos podría narrarse así:


Sheryl está en la playa. Camina hacia la orilla distraída por el rumor del mar, la belleza del paisaje y el vaivén del oleaje que la hace sucumbir en un letargo de felicidad. Dado su estado de euforia pasiva, no percibe que una moto de cuatro ruedas surca rauda la playa en su misma dirección. El conductor del vehículo desvía su mirada hacia los encantos de una morena con escaso ropaje que se tuesta al sol y, por consiguiente, se distrae en sus funciones de piloto.
En ese momento Gustavo, que estaba cerca comiéndose una ración de tostones con queso y mayosesa, se percata de la situación y cuando ya casi es inminente la colición, grita descarnadamente “Sheeeeryyyyyyyyyl”. Seguidamente corre lo más rápido que puede para abalanzarse sobre ella. La empuja a la vez que la abraza y, alejándola de las fauces de aquel monstruo de hierro conducido por un irresponsable frasco de hormonas en ebullición, cae al suelo a la par de ella.
El movimiento brusco y la gracia divina de Dios quisieron que Gustavo cayera encima de una Sheryl espalda al sueño. Los rostros se encontraron, las miradas se posaron una sobre otra y toda la playa (imagínense Alí Babá un domingo de vacaciones) desapareció para ellos. Sólo eran ella y él (Tú y yo). Pocos fueron los segundos que transcurrieron antes de que Sheryl cayera en cuenta de los chismes que se correrían si no hacía algo para apartar a ese pedazo de carne de encima suyo, pero esos pocos segundo fueron suficientes como para ser recordados con nostalgia y, terminado el flash back, decirse en monólogo interno: “¿Qué te pasa Sheryl?¿Qué haces tú pensando en Gustavo?”


No, en serio, no te lo perdono. Yo que siempre te he defendido y amparaba tu existencia en el hecho de que eres un producto de consumo masivo rentable, que a los chamos les gustas mucho y que es mejor verte a ti a que los niños anden por ahí de vagos inventando tonterías… yo dándomelas de interesante sólo para poder ver a las niñitas que mucho morbo me despiertan y que me muestras todas las tardes. Pero hoy no te quiero ver. Dame unos días, quizá se me pase. Pero de verdad no subestimes a tu audiencia. Esa escena se viene viendo desde Rubí Rebelde pa’ acá y nunca me había resultado tan chimba.
Somos tú y yo, aléjate de mí unos días.

lunes, julio 14, 2008

¡La cancha chilla, cuchillo!

Hablar frente a una cámara no es cosa fácil. Lo digo con toda propiedad. Y más difícil se vuelve la cruzada cuando hay que decir algo en específico. Porque hacer payasadas (como casi siempre me ha tocado hacer a mí aunque me salgan forzadas igual) es relativamente fácil. Pero Víctor David Díaz no cree en nadie. ¿Quién dijo que necesitábamos actores? ¿Quién dijo que Danielita Alvarado hacía la actuación más natural en la historia de la TV Venezolana?¿Quién extraña a Edgar Ramírez y su pseudo-Hollywood?¿Soy yo el único que se imagina a Víctor David cantando detrás de las sábanas blancas colgadas en el tendedero de una linda ama de casa o atendiendo a una viejita en una farmacia diciendo “Claro que si, señora. Con mucho gusto”?



Me atrevo a asegurar que Victor David sería mucho más convincente que David Uzcátegui en sus líneas. Si no es porque el pre candidato parece sacado de la misma línea de ensamblaje López-Radonsky, aseguraría que no tendría chance alguno.



“Holasoydaviuzcáteguyacompañamecontuapoyoparaseguirmejorandobaruta” ¡Qué hijo de p...!

domingo, julio 06, 2008

El paro continúa

Nunca me he visto involucrado en un episodio sindical. De hecho, la palabra “sindicato” me fue absolutamente ajena hasta que Carlos Ortega se hizo famoso y se convirtió en el protagonista televisivo de todas las noches en una época donde no existía este blog y apenas empezaba todo este desastre.

Sé que tarde o temprano voy a tener que lidiar con algo sindical. Leer un boletín en alguna cartelera, tener que esconderme debajo de la mesa para no asistir a sus reuniones, firmar una planilla para luchar por seguros dentales, mirar con rabia a algún representante mientras me pregunto qué parte de mí puede representar ese infeliz, en fin. A ciencia cierta no lo sé.

Mis amigos que trabajan en empresas grandes me cuentan anécdotas sindicales que, además de cerciorarme de que nos estamos poniendo viejos y hablamos del sindicato mientras nos tomamos unas cervezas, me confirman que nunca el representante político de un grupo de personas más o menos numeroso, nunca pero nunca, es el que mejor los representa.

Veía Globovisión en estos días, como para poner todo un poquito en caos dentro de mí, así ordenadito no me sentía listo para salir a la calle. En pocos minutos, misión cumplida:

- Vamos a la Rinconada donde unos obreros de construcción se quejan de la compañía constructora por sus malos tratos.

Me puse tenso al instante. Pensé “¿Quién será el vocero de los obreros? Seguro es el más viejito, el que maneja la grúa porque ya no se puede estar poniendo a hacer muchos esfuerzos. Seguro tiene bigotes blancos y se apellida Magallanes”. Pues no. Era joven. Y estaba arrecho:
- Ya nosotros estamos hartos de esta situación. Lo que pasa es que este señor nos trata como si fuésemos “personas inhumanas”… –dijo el empleado en tono ofuscado.

Me distraje. “Personas inhumanas”, interesante término. Bueno, está Michael Jackson y Stephen Hawking

- … es por eso que estamos hoy aquí reclamando porque ya está bueno que nos sigan tratando como personas que fuésemos animales.

Que bien usa este chamo el “fuésemos”.

- … y por eso vamos a seguir aquí. Hasta que se den cuenta que nosotros sí somos personas y no somos… somos… lo que ellos creen que somos.

Insisto: nunca el representante de un grupo de personas es el que mejor lo representa sino es el que se atreve a representarlos por carecer de miedo al ridículo.

Si existe alguien remotamente interesado en esto, gracias por recibirme de vuelta.

viernes, junio 13, 2008

Páginas Amarillas TV


Un extraño servicio público el que aparece en mi televisión porteña cuando sintonizo el canal 9. Se llama Clasicentro y se podría definir como la versión televisiva de los clasificados de prensa. Los mensajes se suceden cada 12 segundos (medidos científicamente con el popular método de conteo “mississippi”) y en su mayoría se encargan de promover el sistema de intercambio de propiedades por dinero que nos ha convertido en víctimas del consumismo.
Terrenos, carros, casas y novedades tecnológicas son los rubros más populares, dejando espacio suficiente para ofrecer empleos de sueldos básicos y algunos ágiles proveedores con interesantes servicios que apuestan a que una doña cualquiera que necesite con urgencia un talabartero, haga zapping por ese canal justo en los 12 segundos por los cuales el señor Uzcátegui, considerado un arista del cuero, pagó algunos pesos (mucho menos de lo que le costaría una valla en la Av. Corrientes).
El formato no se altera. Del lado derecho de la pantalla: avisos fijos. Salta a la vista que son los más costosos, no sólo por su evidente permanencia en pantalla sino también porque suelen ser más atractivos en cuanto a diseño, colores y movimientos. Del lado izquierdo, ocupando dos terceras partes de la pantalla, el espacio para los clasificados más populares. Siempre con la misma tipografía, por lo general pocas palabras.
Pero hay dos tipos particulares de estos anuncios que me llaman especialmente la atención. Los primeros: después de las 12 de la noche. Variedad de servicios sexuales, esta vez con fotos ilustrativas. Conchita, la reina del calentón, te atiende en su departamento de Belgrano las 24 horas. Dispuesta a todo. La foto: una chica con delicada ropa interior de encaje que deja al descubierto casi toda su “personalidad”, eso sí, por respeto al padre, la cara escondida detrás de su tupida cabellera.
“Iris, una chica normal, quiere pasar contigo la noche”. Deja su teléfono y pone una foto que consiguió en Google Images cuando escribió en la barra “sexy morocha” (search).
Esto no es nada nuevo, hasta previsible podría haber sido, pero me transportó a esos hermosos anuncios eróticos de la época Pre-Resorte que adornaban la transmisión de RCTV (+) en las madrugadas. La chica de la Rochela batiendo las claras de huevo, el cuarteto de maricones peleándose por uno de los tres puestos de un sofá de cuero blanco, entre tantos otros maravillosos recuerdos.
Los siguientes anuncios que rescato son (divina providencia) agradecimientos a favores recibidos. El que más recibe gracias, ganando por varios cuerpos, es el archiconocido San Expedito. “Gracias San Expedito por los favores recibidos. Familia Puglia Archubi” “A San Expedito por su inmensa bondad. Antonio Suárez”.
Yo me pregunto ¿Es esa una promesa tentadora para el respetable Expedito?
Qué le hace pensar a los necesitados que la frase: “San Expedito, tú que haces fácil lo difícil, sí me haces ganarme la lotería te prometo que te agradezco con un anuncio en Clasicentro” pueda ser la detonante para que el santo tome la decisión “Ah bueno, si va… si es así, voy. Plomo. Toma tu premio gordo. Acá me siento a esperar mi agradecimiento”.
Me imagino a “Expe” (así le decimos de cariño) mirando la tele por encima de los lentes y tachando de la lista en su mano a aquellos que ya pagaron los favores recibidos. ¿Será su actividad preferida de las tardes? A lo mejor se sienta al lado de los otros santos, blancos de menos agradecimientos que él, para restregarle en la cara lo altruista que es. Seguramente hay un pizarrón con un montón de X’s al lado del nombre “Expedito” (entre colegas santos decidieron suprimir el distintivo “san”) y debajo, con muchas menos X’s los nombres de Jorge, Epifanio, Ramiro y Telmo (que no tiene ningún agradecimiento. Los bonaerenses dejaron de creer en él por el alto precio de las antigüedades).
En el extremo de lo santo y lo profano se mueve esta propuesta comercial. Un canal de televisión que no es un canal de televisión sino una sucursal de las páginas amarillas.
Comercio, sexo y devoción religiosa, tres ingredientes infaltables en el guiso de Clasicentro que me motivaron a romper el silencio y me susurran al oído que aun vale la pena seguir cazando perlas en el mar de la T.V internacional.

miércoles, junio 04, 2008

M I E R C O L E S

martes, junio 03, 2008

M A R T E S

L U N E S

Ayer fue tan lunes, que hoy publico esto.

domingo, junio 01, 2008

D O M I N G O

sábado, mayo 31, 2008

S Á B A D O

viernes, mayo 30, 2008

V I E R N E S